Pasaron dos meses. Meses en los que no había sabido nada de Anna. Meses en los cuales ni siquiera Flo me hablaba. Me sentía mal conmigo mismo, cuidaba de mi hijo y jugaba con él, pero eso no me hacía sentir mejor. Aún buscaba una razón por la cual mi hijo le dijo aquello a Anna. No entendí, ni entiendo, su manera de ser. Ahora me encuentro aquí, tirado en la cama, pensando, mientras él duerme apoyado en mi pecho. Le acaricio su pequeña espalda, lo quiero demasiado como para echarle en cara todo lo que dijo, puesto que Anna volvió a hablarme por él. Decidido, me pongo de pie con cuidado, y voy al baño. Cojo un par de toallas y las dejo sobre el retrete, desnudándome después. Me miro en el espejo, suspiro. ¿Qué es del Dani de antes? ¿El Dani que iba a luchar como el que más por Anna? Niego con la cabeza y suspiro, entrando a la ducha. Me echo un vistazo a mí mismo, tengo el cuerpo incluso más musculado, con algo más de color, pero me es indiferente. Me doy una ducha, más bien dejo caer el agua fría por mi cuerpo, mezclándose con lágrimas que empiezan a salir al pensar en ella. ¿Dónde estará? ¿Estará bien? ¿Se acordará de mí?.. y más preguntas que recorren mi cabeza día a día, haciéndome sentir como un gilipollas.
-¿Desea confirmar su reserva? Le recuerdo que son dos billetes de avión a Minesotta, un niño y un adulto.
-Sí, confirmo.
-¿Ciudad en la que desea aterrizar?
-La más importante.
-Vale, el pago se retirará de su cuenta bancaria en unas horas. Perdone las molestias.
Suspiro y cuelgo el teléfono, dejándolo en la mesilla, acariciando la espalda a Danielito.
-Pequeño.. comienza la búsqueda de Anna.. Un día la perdí, no habrá un segundo día que lo haga.
No hay comentarios:
Publicar un comentario