miércoles, 29 de agosto de 2012

Capítulo 2.1

Me tiro en la cama y me tumbo, intentando relajarme, dándole la espalda al pequeño, cerrando los ojos e intentando dormir. Las palabras que pronunció Anna el último día que la vi no paran de resonar en mi mente, una y otra vez, recordándome lo gilipollas y cobarde que fui. Pasan minutos, horas, y no puedo dormir. Miro el despertador, seis de la madrugada. Suspiro y vuelvo a levantarme, tan rápido que me da un pequeño mareo y tengo que sentarme en la cama. Cierro los ojos y suspiro, tapándome la cara para empezar a llorar. ¿Y si no está bien? ¿Y si no la encuentro? Seguramente, si la veo, me manda a la mierda. Me doy la vuelta y observo a Danielito, lo tumbo boca arriba y, conforme puedo, consigo vestirlo, pra vestirme yo también. Lo cojo en brazos y voy al salón, intentando despertarle.

-Dani.. hijo.. despierta..
-Hm..
-Venga, que nos vamos de vacaciones.

Justo en ese momento, mi móvil comienza a sonar. Corro a la habitación y lo descuelgo, cogiéndolo después, extrañado de que me llamen a estas horas.

-¿Sí?
-Dani, soy Flo.

Su voz muestra preocupación, que ha estado llorando, que algo ha pasado.

-¿Qué pasa, Flo?
-Mira, no sé si debería decirte esto, pero..
-¿Pero qué? ¿Es de Anna?
-Me ha llamado su marido, Matt. Han secuestrado a Anna, un grupo de Skinheads españoles. La reconocieron y secuestraron.
-¿¡CÓMO?! ¿¡ESTÁ BIEN?!
-No lo sabemos, ni Matt ni nadie saben dónde está ni cómo está.
-Mira, yo iba a ir a buscarla a Minesotta a decirle lo que sentía, y ya..
-¿Minesotta? La han secuestrado en Mozambique. No podemos hacer nada, ¿de acuerdo?
-Flo, quiero a Anna más que a nada en éste puto mundo. Así que, voy a ir a Mozambique o dónde coño sea, y voy a salvar a Anna, aunque pidan mi vida a cambio de ello, ¿de acuerdo?
-No sabes lo que dices..
-Oh sí, lo sé muchísimo, sé que estoy enamorado de Anna y que voy a salvarla, ¿de acuerdo?

Mientras hablo, lágrimas de rabia y desesperación caen por mis ojos, cuelgo y tiro el móvil contra la cama, sentándome. Veo a mi hijo entrar, me cabreo aún más, se fue por su culpa.

-Papi..
-¿¡PAPI?! ¿¡DESPUÉS DE TODO ME LLAMAS PAPI?!
-Pero..
-Pero nada, joder. Me has jodido la vida.

martes, 28 de agosto de 2012

PRÓLOGO SEGUNDA TEMPORADA.

Pasaron dos meses. Meses en los que no había sabido nada de Anna. Meses en los cuales ni siquiera Flo me hablaba. Me sentía mal conmigo mismo, cuidaba de mi hijo y jugaba con él, pero eso no me hacía sentir mejor. Aún buscaba una razón por la cual mi hijo le dijo aquello a Anna. No entendí, ni entiendo, su manera de ser. Ahora me encuentro aquí, tirado en la cama, pensando, mientras él duerme apoyado en mi pecho. Le acaricio su pequeña espalda, lo quiero demasiado como para echarle en cara todo lo que dijo, puesto que Anna volvió a hablarme por él. Decidido, me pongo de pie con cuidado, y voy al baño. Cojo un par de toallas y las dejo sobre el retrete, desnudándome después. Me miro en el espejo, suspiro. ¿Qué es del Dani de antes? ¿El Dani que iba a luchar como el que más por Anna? Niego con la cabeza y suspiro, entrando a la ducha. Me echo un vistazo a mí mismo, tengo el cuerpo incluso más musculado, con algo más de color, pero me es indiferente. Me doy una ducha, más bien dejo caer el agua fría por mi cuerpo, mezclándose con lágrimas que empiezan a salir al pensar en ella. ¿Dónde estará? ¿Estará bien? ¿Se acordará de mí?.. y más preguntas que recorren mi cabeza día a día, haciéndome sentir como un gilipollas.

-¿Desea confirmar su reserva? Le recuerdo que son dos billetes de avión a Minesotta, un niño y un adulto.
-Sí, confirmo.
-¿Ciudad en la que desea aterrizar?
-La más importante.
-Vale, el pago se retirará de su cuenta bancaria en unas horas. Perdone las molestias.

Suspiro y cuelgo el teléfono, dejándolo en la mesilla, acariciando la espalda a Danielito.

-Pequeño.. comienza la búsqueda de Anna.. Un día la perdí, no habrá un segundo día que lo haga.

domingo, 11 de marzo de 2012

#13. ¿Por qué?

- Claro - dije sonriente
- ¡No! - dijo el pequeño en alto - Yo no quiero que Anna duerma contigo.
- ¿Por qué? - preguntó
- Porque no es tu papá, es mi papá... y ya no quiero que seas mi mamá.
- ¿Por qué no?
- Porque eres mala, te has llevado a mi papá en mi sueño y no quiero - dijo con lágrimas en los ojos

El pequeño se abrazó a mi pierna y lloraba. Le cogí en brazos, y se abrazó a mi cuello. Notaba sus lágrimas resbalar libremente por él, con prisa. Anna y yo nos miramos a los ojos, noté tristeza en su mirada. Un rato después, se fue, y yo fui con el pequeño a mi habitación. Nos sentamos en la cama.

- ¿Por qué ya no quieres que Anna sea tu mamá?
- Porque ella es mala... en mi sueño se iba contigo, y tú me decías que ya no me querías.
- Eso nunca va a pasar
- ¿No?
- Claro que no... venga, vamos a dormir.
- Vale, papá.

Me acosté y el niño se tumbó abrazándome, con la cabeza en mi pecho, y al poco tiempo se quedó dormido. Yo me quedé mirando al techo y pensando en por qué habría tenido esa pesadilla. Entonces, me quedó claro que debía de olvidarme de Anna y centrarme más en mi hijo, que era lo que quería.

Por la mañana, el pequeño me despertó como casi siempre, moviéndome de un lado a otro en la cama, y me dio un beso en la mejilla.

- Buenos días, papá
- Buenos días chiquitín - sonreí - Venga, vamos a despertar a Anna que hay que desayunar
- Anna se ha ido
- ¿Qué?
- Sí... le dije que tú habías dicho que era mala y se fue...
- Pero, ¿por qué le dijiste eso?
- Porque no quiero que te vayas con ella y me dejes solo... Porque sé que si ella viene yo ya no seré nada para ti... - estaba a punto de llorar.

Le abracé fuerte y le susurré:

- Nunca te voy a dejar solo, ¿vale? Y ella tiene novio, no va a venir conmigo - sonreí - Anda, vamos a desayunar...

En ese momento, recibí un mensaje al móvil. Lo tenía en la mesilla derecha, por lo que el pequeño me lo acercó.

- Toma papá.

Cogí el teléfono y leí el SMS que acaba de recibir, desde un número definitivo.

"Los niños y los borrachos nunca mienten, lo que quiere decir que Danielito me ha dicho la verdad, no quieres que esté allí. ¿Por qué no lo dijiste desde el principio? Pero gracias por todo Dani... de verdad, gracias. Ya... nos veremos, o no. Ahora mismo lo último que quiero ver es a ti"

Miré al pequeño, que sonreía feliz, y le abracé. Y, entonces me doy cuenta de la verdad de mis sentimientos. "Anna, te quiero..." - susurré.

- ¿Qué has dicho, papá? - me preguntó el pequeño
- Nada, movidas...
- Te quiero papá... nunca te vayas con Anna

#12. La pesadilla.

Un rato después, nos fuimos a casa. Duché al pequeño, me duché yo y por último se duchó Anna, mientras yo preparaba la cena. Al pequeño le preparé un biberón con leche y un poquito de cacao en polvo, y para nosotros macarrones a la bolognesa. Cuando Anna salió de ducharse, el niño ya se estaba tomando su biberón. Anna le miró unos segundos, y el niño también la miró. Y también sonrió. Preparé la cena en dos platos y comenzamos a cenar. Después, recogí los platos, los puse en el lavavajillas y nos fuimos los tres al sofá.

- Papá...
- Dime canijo
- ¿Puedo dormir en tus brazos?
- Claro, ven - dije sonriente

Cogí al pequeño y lo acomodé entre mis brazos para que durmiera, tapado con una fina manta. Anna observaba atentamente Modern Family, su serie favorita, y yo miraba al niño, sonriendo. Le acaricié la cara y se movió un poco.

- Annita, ¿me puedes hacer un favor?
- Claro, dime
- Ves a la cama de Danielito y quita las mantas, que le voy a acostar
- Vale

Anna fue rápidamente y, minutos después, avisó de que ya había acabado su labor. Me levanté con cuidado del sofá y llevé al niño a la cama. Una vez ahí, le tumbé bien y le tapé con las mantas. Me senté en el filo del colchón y me puse a mirarlo un buen rato, sonriendo. Le di un besito en la mejilla y salí de la habitación, dejándole la puerta entreabierta. Cuando llegué al salón, me senté al lado de Anna en el sofá, y ella apagó la televisión.

- ¿Por qué apagas?
- No lo sé, creo que tenemos que hablar.
- ¿Hablar? ¿De lo de antes? No, gracias.
- No, Daniel, no es de eso.
- ¿Entonces?
- Estoy sorprendida. No sé... eres muy buen padre, de verdad. No dejas que le pase nada y le cuidas a la perfección... Dios es... extraño. No sé, si alguien me hubiera dicho que eras así no me lo hubiese creído...
- Entiendo que sea difícil de creer, un tipo como yo... pero bueno, cría fama y échate a dormir, ¿no? Lo que pasa es que al estar nosotros solos, al ser él lo único importante de mi vida no puedo hacer otra cosa... ésto me sale sólo... Si le pasara algo, moriría, en serio.
- Se ve... bueno Dani, me voy a dormir, que ya es tarde y tengo sueño.
- Descansa - le di un beso en la mejilla
- Y tú - me sonrió

Anna se fue a su habitación y, unos minutos después, yo a la mía. Concilié el sueño rápido, pues ese había sido un día bastante duro y cansado, pero, no sé por qué, las palabras de Anna me hicieron un poquito más feliz. El saber que me seguía queriendo me había hecho sonreír, pero yo ahora no necesitaba una pareja, ni mi hijo necesitaba una madre.

- Papá... papá, no te vayas... ¡¡PAPÁ!!

Me desperté rápidamente y fui hasta la habitación del niño, lugar desde donde provenían esos ruidos. Abrí la puerta y el niño estaba llorando en la cama. Cuando le vi fue corriendo hacia él, me senté en la cama y le cogí en brazos, abrazándole.

- ¿Qué pasa, canijo?
- He tenido una pesadilla en la que te ibas con Anna para siempre y me dejabas solo...
- Eso no va a pasar nunca, ¿vale? Tú y yo siempre juntos... ¿Colegas?
- Colegas... - sonrió - ¿Puedo dormir contigo?
- Claro - sonreí
- Y... ¿yo puedo dormir con vosotros? - dijo Anna desde la puerta

#11. Miedo.

- ¿A qué te refieres?
- Dani yo... yo... nunca te he odiado. Desde que pasó lo del hospital no he podido parar de pensar en ti, en cómo estabas, en qué pensabas de mí... Aquel chico que estaba conmigo era mi novio, sí, pero no teníamos nada serio. Él estaba enamorado de mí y yo no pude negarle nada, pues todo fue antes de tu accidente. Y sí, sé que me porté mal contigo mintiéndote pero... en aquel momento sólo me salió hacer eso. Y vine aquí con la mentalidad de no verte, de que no estabas aquí... Pero cuando te vi con el niño, con una rosa y pidiéndome perdón me dieron ganas de abrazarte y...
- Tu orgullo no te lo permitió, lo sé. He pensado en ésto todas las noches desde que viniste. Y en lo que dice Danielito de que te quiere como madre. Y no, no puede ser. Yo no quiero que mi hijo tenga una madre. Quiero que tenga a SU madre. Y él me ha hecho olvidarme de lo que sentía por ti, de lo enamorado que estaba de ti. Yo no quiero una pareja, yo no quiero una novia. Con mi hijo tengo suficiente en mi vida. Puedes venir de vez en cuando y quedarte en casa, pero no quiero que te sienta como madre, ¿entiendes? No es tu hijo para que tengas derecho a ejercer esa responsabilidad. Yo quiero tenerte como amiga y que el niño te vea como "la amiga de papá", no como "mamá".
- Para mí cuidar de tu hijo como madre no es una responsabilidad, es un favor que te hago...
- ¡PERO YO NO QUIERO QUE ME HAGAS ESE FAVOR! - dije irritado - Anna, el niño... el niño es mi vida. No necesito que me hagas ese favor, le he cuidado yo sólo y lo voy a seguir haciendo. Si algún día me enamoro intentaré desenamorarme, ¿vale? Pero es que no quiero que el niño se distancie de mí...
- Espera, ¿me estás diciendo que tienes miedo a que tu hijo se distancie de ti sólo porque yo ejerza de madre?
- Tengo miedo de que se distancie de mí, de que te enseñe sus dibujos sólo a ti porque yo esté en el programa, de que te abracé más a ti que a mí, de que no quiera jugar conmigo... Anna, mi hijo es... mi hijo es lo único que necesito para ser feliz. Y no soportaré que venga alguien y me lo arrebate. - dije tajante, cerrando la conversación.

Anna giró la cabeza y siguió mirando al pequeño mientras éste jugaba con unos chicos. Pude observar cómo unas lágrimas trasparentes caían por aquel delicado rostro, dejando demostrar la tristeza que se tenía. El pequeño se acercó hacia nosotros y la miró.

- Papá, ¿por qué llora Anna?
- Porque se ha hecho daño en la rodilla
- Ah...

Se fue otra vez a jugar, no muy convencido, y me quedé mirando a Anna de nuevo. No podía verla así, es más, me arrepentía de todo lo que le había dicho, pero era lo que sentía. Tenía miedo de que mi hijo se distanciara de mí. Y entonces, fue cuando pensé. ¿Por qué iba a hacerlo? ¿Por qué se distanciaría de mí si Anna se viniera con nosotros? Lo que me pasaba era algo muy simple, MIEDO.

#10. Sentimientos.

Sonreí después de que el pequeño me dijera aquello y me pidió que fuera con él a jugar. No lo dudé y caminé hacia su habitación. Andaba delante de mí ilusionado y cogiéndome la mano con fuerza. Desde luego mi hijo era lo mejor que tenía. Me había hecho olvidarme de mis sentimientos por Anna, todos menos la amistad que sentía por ella. Nos sentamos en el suelo y me dio un coche para que jugara con él a carreras.

[Narra Anna]

Desperté y estaba tumbada en el sofá, me extrañó, pues lo último que recordaba era que Dani estaba sentado a mi lado. Le busqué por toda la casa, hasta que llegué a la habitación de Danielito, donde estaba la puerta entornada. Me quedé escuchándoles desde fuera, pero decidí entrar. El niño me miró sonriendo.

- Mira, papi, ha venido Anna a vernos - dijo sonriente

Dani giró la cabeza y me miró sonriente. Yo también sonreí.

- ¿Quieres jugar?
- No puede, pequeñajo
- ¿Por qué?
- Porque... ¡¡vamos a merendar!!

Dani cogió al pequeño y se puso a hacerle cosquillas mientras el pequeñajo reía, y él también. Habían pasado tres años pero Dani había cambiado mucho, demasiado, y además para bien. Lo que no había cambiado eran mis sentimientos por Dani. Ahora le veía ejerciendo de padre soltero y me imaginaba que ejercía de padre conmigo y nuestro hijo. Pero la realidad no era esa. Dani me había olvidado y yo me iba a casar. Una buena realidad, creo.

[Narra Dani]

Al ver a Anna en la puerta sonriendo y mirarla a los ojos me di cuenta de que sus sentimientos por mí no habían cambiado, pero los míos por ella sí. Yo ya no la quería, para mí Anna era una amiga como Romina, Cristina... una amiga, y ya está. No iba a volver a sufrir por ella. Ella me dijo que le jodía la vida, así que, ¿para qué jodérsela más? Era tontería. Dejé de mirarla, cogí a mi hijo en brazos y nos fuimos los tres hacia la cocina. Anna estaba muy cariñosa por él, y él había cogido mucha confianza por ella, por lo que me daría pena cuando se fuera. Le corté un plátano y una manzana al pequeño y se la puse en un plato que llevó al salón. Se puso en la mesa de centro y le encendí la televisión, con el canal Disney Channel. Me quedé mirándole apoyado en el marco de la puerta principal del salón, con Anna a mi lado.

- Le he cogido cariño... - me dijo
- Es un niño encantador, se le coge cariño fácilmente - dije orgulloso
- Sí...
- Todos los días, cuando tenía el programa, me lo llevaba y lo dejaba en la zona de Ranking con Cristina y las maquilladoras
- ¿Sí?
- Sí, ya te dije que me es imposible separarme de él.
- Si te apetece... podemos ir los tres a dar una vuelta esta tarde.
- Me parece bien, que el niño se despeje un poco - sonreí

Cuando Danielito se acabó la merienda, me dio el plato y después un besito en la mejilla. Le cogí en brazos y fuimos a la habitación. Cogí una camisa y unos vaqueros de su armario, con las Converse rojas, y le vestí.

- ¿Dónde vamos, papá?
- A dar una vuelta, hijo, ¿vale?
- ¿Y podemos ir al parque?
- Claro - sonreí

Le terminé de vestir y se fue al salón. Después nos cambiamos Anna y yo. Salimos de casa y fuimos a un parque cercano a la urbanización de apartamentos donde vivía. Me senté en un banco con Anna mientras que el pequeño iba a jugar.

- No corras mucho por si te caes, ¿vale?
- Vale papá.

Poco después, ya estaba jugando con un par de niños de su edad en los columpios. Sonreía al verle tan feliz. Nos miraba un par de veces y nos saludaba a los dos. Se acercaba de vez en cuando para pedirme agua o descansar un rato. Anna decidió ir a comprar una bolsa de pipas para nosotros. Cuando llegó, comenzamos a hablar.

- Nunca imaginé que podías llegar a tener un hijo..
- Ni yo, pero la verdad es que es lo mejor que me ha pasado en la vida.
- Se ve... y él te quiere muchísimo, no te deja que te separes ni un momento y quiere que te busques novia.
- No Annita - dije riendo - no te confundas, el niño no quiere una novia para mí, el niño quiere una madre... y quiere que esa madre seas tú.
- ¿De verdad?
- De verdad... me lo ha dicho muchas veces.
- Pues... tal vez... pueda hacer un esfuerzo...
- ¿Cómo? ¿A qué te refieres? - pregunté sorprendido
- Que si quieres que ejerza como madre del niño... sólo tienes que pedírmelo una vez.
- Pero... tu vida... tu novio...
- Todo podría cambiar.

#09. Mamá.

Pasaron tres días desde que Danielito ingresó en el hospital. No me había movido de ahí en todo el tiempo, y Anna también venía la mayor parte del tiempo. Algunos médicos la llegaron a confundir como la madre del niño, y ella no hacía más que desmentirlo. Mis padres y los padres de Espe, la madre del niño y persona a la que seguía queriendo, vinieron los dos últimos días, pues no habíamos dejado de hablar en el tiempo que había pasado desde que ella murió. El pequeño tampoco quería que me separara de él, y era normal. Por la mañana de aquel jueves, pasaron a darle el alta al pequeño, y Anna estaba con nosotros.

- Buenos días, vengo a dar el alta a Daniel Martínez Pineda
- ¿Ya nos vamos a casa, papá?
- Sí, hijo, sí - dije sonriente - Ya te has puesto bueno
- ¡Bien! - gritó sonriente

Le vestí mientras la enfermera rellenaba los papeles requeridos y Anna me observaba fijamente. Cuando acabé de cambiarle de ropa, le cogí el brazos y fuimos hasta el coche. Ahí, le monté en su sillita, pero antes de cerrar la puerta, me hizo quedarme un rato con él.

- Papá...
- Dime hijo
- ¿Se va a venir Anna para siempre con nosotros?
- No chiquitín, Anna se queda unos días, pero luego se va
- Entonces... ¿no va a ser mi mamá?
- No hijo...
- Bueno, no pasa nada, te tengo a ti, papá.

Sonreí y le di un besito cariñoso en la frente, y después él me dio uno en la mejilla. Le puse bien el cinturón y me monté en mi sitio para conducir. Anna estaba tranquila mirando por la ventana, aquel día habíamos hablado especialmente poco, y no sabía el por qué de esa amarga situación.

Tres cuartos de hora después, llegué a mi casa. El niño se había dormido en el trayecto, y Anna y yo habíamos mantenido una pequeña conversación de medio minuto. Nos bajamos del coche, cogí al pequeño en brazos para no despertarlo y Anna se ofreció a coger el bolso con las cosas del hospital. Subimos hasta mi casa en silencio. Abrió la puerta, pasé al salón y dejé al pequeño en el sofá, tapándole después con una manta, pues hacía fresquito para él. Me quedé un buen rato observándole mientras le acariciaba la carita, tenía un gran parecido a su madre.

Poco después, hice pechugas de pollo rebozadas en puré de patatas para cenar. Desperté al pequeñajo para comer.

- Daniel... chiquitín... - susurré moviéndole suavemente
- Mmm... papá...
- Venga, que hay que comer.

Se despertó, se puso en pie en el sofá y me abrazó, queriendo que le cogiera en brazos. Así lo hice y fuimos hacia la cocina donde, en un sitio, tenía preparado su plato de comida, ya cortado en pequeños trozos, para dárselo.

- Mi comida favorita - exclamó sonriente el pequeño
- Sí, te la tienes que comer bien, eh?
- Claro - sonrió

Cogí su tenedor y empecé a darle la comida cachito a cachito, mientras Anna nos miraba sonriente. Hubo un segundo que me fijé en su mirada, y me volví a ver reflejado en ella. Sonreí y seguí dándole la comida al pequeño, que dijo una cosa que me impactó un poco.

- Papi, ésta la vamos a hacer para que Anna sea mi nueva mamá, ¿vale?
- Pero Anna se tiene que ir a su ciudad...
- Cuando venga a Madrid

Sonreí y seguí dándole la comida. Cuando acabé, se fue a jugar al salón y Anna y yo nos quedamos comiendo, hablando sobre temas absurdos sin importancia alguna. Me apetecía preguntarle sobre su vida en Miami, cómo le iba y en qué trabajaba, pero nunca veía el momento adecuado. Acabamos de comer y nos pusimos a recoger la mesa y a fregar los platos juntos, sin ninguna risa tonta de ésas que nos echábamos antes. Después, fuimos al salón.

- ¿Qué tal si vemos una película? - me preguntó
- Está bien

Eligió Nothing Hill, la película favorita de ambos. Nos sentamos en el sofá, muy juntos. Según iba pasando la película, ella se apoyó en mi hombro y se quedó dormida, tapada con la manta que había usado antes mi hijo. El pequeño salió de su habitación y se acercó a nosotros.

- Así parece que está mamá aquí...
- ¿Sí?
- Sí, con mamá también estabas así.

Señaló una foto encima del televisor, en la que aparecíamos la madre del niño y yo en esa misma posición, y no pude evitar que unas lágrimas rebeldes llenaran mis ojos, deseosas de salir, y, desgraciadamente, cumplieron su deseo.

- ¿Por qué lloras, papá?
- Porque yo también echo de menos a mamá
- Pero tú me dijiste que mamá nos veía desde el cielo...
- Claro, mamá nos ve siempre.
- ¿Y ahora estará feliz?
- Claro que estará feliz chiquitín, porque piensa en ti y en mí.
- Papá, pero yo quiero que Anna sea tu novia y sea mi nueva mamá...