Un rato después, nos fuimos a casa. Duché al pequeño, me duché yo y por último se duchó Anna, mientras yo preparaba la cena. Al pequeño le preparé un biberón con leche y un poquito de cacao en polvo, y para nosotros macarrones a la bolognesa. Cuando Anna salió de ducharse, el niño ya se estaba tomando su biberón. Anna le miró unos segundos, y el niño también la miró. Y también sonrió. Preparé la cena en dos platos y comenzamos a cenar. Después, recogí los platos, los puse en el lavavajillas y nos fuimos los tres al sofá.
- Papá...
- Dime canijo
- ¿Puedo dormir en tus brazos?
- Claro, ven - dije sonriente
Cogí al pequeño y lo acomodé entre mis brazos para que durmiera, tapado con una fina manta. Anna observaba atentamente Modern Family, su serie favorita, y yo miraba al niño, sonriendo. Le acaricié la cara y se movió un poco.
- Annita, ¿me puedes hacer un favor?
- Claro, dime
- Ves a la cama de Danielito y quita las mantas, que le voy a acostar
- Vale
Anna fue rápidamente y, minutos después, avisó de que ya había acabado su labor. Me levanté con cuidado del sofá y llevé al niño a la cama. Una vez ahí, le tumbé bien y le tapé con las mantas. Me senté en el filo del colchón y me puse a mirarlo un buen rato, sonriendo. Le di un besito en la mejilla y salí de la habitación, dejándole la puerta entreabierta. Cuando llegué al salón, me senté al lado de Anna en el sofá, y ella apagó la televisión.
- ¿Por qué apagas?
- No lo sé, creo que tenemos que hablar.
- ¿Hablar? ¿De lo de antes? No, gracias.
- No, Daniel, no es de eso.
- ¿Entonces?
- Estoy sorprendida. No sé... eres muy buen padre, de verdad. No dejas que le pase nada y le cuidas a la perfección... Dios es... extraño. No sé, si alguien me hubiera dicho que eras así no me lo hubiese creído...
- Entiendo que sea difícil de creer, un tipo como yo... pero bueno, cría fama y échate a dormir, ¿no? Lo que pasa es que al estar nosotros solos, al ser él lo único importante de mi vida no puedo hacer otra cosa... ésto me sale sólo... Si le pasara algo, moriría, en serio.
- Se ve... bueno Dani, me voy a dormir, que ya es tarde y tengo sueño.
- Descansa - le di un beso en la mejilla
- Y tú - me sonrió
Anna se fue a su habitación y, unos minutos después, yo a la mía. Concilié el sueño rápido, pues ese había sido un día bastante duro y cansado, pero, no sé por qué, las palabras de Anna me hicieron un poquito más feliz. El saber que me seguía queriendo me había hecho sonreír, pero yo ahora no necesitaba una pareja, ni mi hijo necesitaba una madre.
- Papá... papá, no te vayas... ¡¡PAPÁ!!
Me desperté rápidamente y fui hasta la habitación del niño, lugar desde donde provenían esos ruidos. Abrí la puerta y el niño estaba llorando en la cama. Cuando le vi fue corriendo hacia él, me senté en la cama y le cogí en brazos, abrazándole.
- ¿Qué pasa, canijo?
- He tenido una pesadilla en la que te ibas con Anna para siempre y me dejabas solo...
- Eso no va a pasar nunca, ¿vale? Tú y yo siempre juntos... ¿Colegas?
- Colegas... - sonrió - ¿Puedo dormir contigo?
- Claro - sonreí
- Y... ¿yo puedo dormir con vosotros? - dijo Anna desde la puerta
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