domingo, 11 de marzo de 2012

#08. Todo va bien.

- ¿Son ustedes los padres de Daniel Martínez Pineda?
- Yo... soy su padre, su madre murió... ¿Cómo está?
- Su hijo ha cogido una gripe poco tratada en España, pero no es nada grave, sólo que a los niños tan pequeños les afecta más de lo normal. Le dejaremos aquí durante tres días para ver cómo evoluciona, ¿vale?
- ¿Podemos pasar a verle?
- Claro.

Seguimos al médico hasta la habitación, dónde estaba mi hijo despierto, con una vía enganchada a su pequeña mano y tenía los ojos llorosos. Me acerqué despacio a él y le acaricié la carita.

- Papá...
- Dime hijo
- No me quiero morir
- No te vas a morir, cariño. Los médicos, Anna y yo te vamos a cuidar para que te pongas bien, ¿vale?
- Vale papá... Pero, ¿me voy a quedar aquí solito?
- No, voy a estar yo contigo todos los días, ¿vale?
- Vale... - puso mala cara y me preocupé
- ¿Qué te pasa?
- Me duele la barriga...
- No te preocupes, se te pasará... Venga, duérmete un poquito, ¿vale?
- Vale...

Le miré enternecido y le cogí en brazos. Me senté en un sillón, le acomodé encima mía, y le observé dormirse lentamente, con gestos de dolor. Aún tenía la fiebre alta. Anna nos miraba sonriendo desde la puerta. Le dije con un gesto que se acercara. Se sentó en el filo de la camilla.

- Qué escena tan... cuqui...
- Anna, te lo juro. Tengo ganas de llorar. Una mezcla de felicidad con la tristeza y la preocupación. Culpabilidad mezclada con alegría... Alegría de volver a verte y culpabilidad por ver a mi hijo aquí. No hay cosa que más desee en este mundo que su madre esté conmigo y él esté bien. Y te agradezco mucho que me hayas perdonado...
- Dani... si quieres... puedo quedarme yo con él esta noche y... tú descansas...
- No, es mi hijo y quiero estar con él. Ya te he dicho que me es imposible separarme de él, Anna. Y deberías entenderlo... - le acaricié la cara al pequeño

A la media hora, comenzó a despertarse otra vez. Tenía mala cara y comenzó a llorar, sería por la fiebre o por miedo. Le abracé lo más fuerte que pude.

- Papá, me duele mucho la cabeza...
- Tranquilo, chiquitín, es normal, estás malito...
- ¿Me voy a morir?
- No... no te vas a morir... - las lágrimas comenzaron a salir de mis ojos
- ¿Por qué lloras papá? Si el que está malito soy yo....
- Porque no quiero que estés malito.

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