domingo, 11 de marzo de 2012

#03. La única.

Pasaron cuatro meses desde comienzo de programa, nos encontrábamos en el mes de Septiembre de 2010. Mi relación con todo el equipo del programa era soberbia, no había nadie que me cayera mal. Eran mi familia en Madrid, cuando les necesitaba, acudían, fuera el día que fuera o la hora que fuese, nunca me fallaban. Ni yo les fallaba a ellos. En esos meses pasaron muchas cosas que hicieron que mi vida cambiara. Por ejemplo, Anna cortó con su novio. Era algo que se venía venir, pues ella busca a chicos interesados en relaciones estables, no como Miki, que sólo la quería para un polvo. Además, el programa se convirtió en un éxito, por lo que aguantábamos en antena hasta Enero, como mínimo. Pero las cosas no iban bien para todo el mundo. Para mí todo era una mierda, el único consuelo que tenía era el programa y, de vez en cuando, mi hermano. Y todo por no saber controlar mis sentimientos, ni saber tampoco controlarme yo. Mis amigos me habían dado de lado desde que les conté que me había enamorado de Anna, no se lo creían.

Era 20 de Septiembre, lunes, la semana comenzaba. Me desperté a eso de las 8:00 de la mañana, cuando me sonó el despertador, para ir a la radio. Los compañeros del programa "La Mirada Cítrica" me esperaban allí para comenzar el programa a las 10:22. Era un programa con bastante audiencia, y eso también me servía para seguir adelante, pues si por mis sentimientos fuera habría dejado de vivir hace muchos meses.

Salí del programa de radio, contento con las audiencias y cómo lo había hecho. Mi jefe, Juan Ramón Lucas, me dio la enhorabuena mientras me dirigía hacia mi coche y, como aún tenía tiempo, me tomé un café con él en la cafetería de los estudios. Después, caminé hacia mi vehículo. Monté, me puse el cinturon, la llave de contacto y abrí la ventanilla para que se ventilara un poco. Arranqué el motor, y comencé a conducir. Por el cristal ya bajado entraba un airecillo que hacía más amena mi conducción, pero que a la vez me molestaba en los ojos.  Llegué hasta una zona donde divisaba un cruce, a unos 25 metros, por lo que comencé a frenar. No frenaba. Los frenos no iban. Pisé más fuerte pero nada. Empecé a ponerme nervioso y tener miedo. El cruce se acercaba cada vez más y yo cada vez iba más rápido, pues la carretera era una pendiente hacia abajo. Un montón de coches parados. Quité el pie derecho del acelerador y cerré los ojos, intentando no ver así el final de mi vida...

* * * *

Los tubos recorrían mi torso, desde la barriga hasta la nariz. Tenía los ojos cerrados mientras inhalaba tranquilamente el oxígeno proporcionado por una máquina. "¿Estoy muerto?", me pregunté. No, si respiro no puedo estar muerto. Intenté recordar dónde estaba, y el por qué de esa incómoda situación. Escuchaba voces a mi alrededor, voces que no sabía distinguir en aquel instante. Abrí lentamente los ojos. Una chica morena, de pelo corto, que llevaba unas gafas en color lila estaba a mi lado. Con una bonita sonrisa, se acercó a mí.

- Vaya, Daniel, has despertado.

¿Daniel? ¿Quién era Daniel? ¿Y quién soy yo? ¿Y ese tipo regordete y con gafas sentado en el sillón? ¿Y la chica rubia que habla con él? ¿Qué me ha pasado?

-¿Qui... quién es Daniel? - conseguí preguntar, con voz ronca debido a mi pésimo estado de salud
- Daniel es usted, lleva aquí dos semanas, en un coma profundo. Es normal que no recuerdes nada. Ellos son Anna y Flo, no se han movido de aquí para nada.
- ¿Anna?

Anna, era lo único que recordaba. Sólo ella ocupaba mi mente, sin saber por qué. ¿Tan importante había sido para mí? Necesito saber más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario