Habían pasado dos años desde aquel día en el que Dani desapareció para siempre de mi vida. No había vuelto a hablar con él ni a saber nada de él. Y me jodía mucho que, aún pasando dos años, mis sentimientos por él no habían cambiado. Pero yo sí había cambiado. Mucho.Vivía en los Estados Unidos, concretamente en Miami. Tenía novio desde hacía un año y estábamos preparando nuestra boda, y yo, sin gana alguna, pues al único al que quería era a Dani, pero eso imposible. También había cambiado físicamente. Me había teñido a morena y estaba más delgada. Mi novio, Max, me decía que no era bueno que estuviera tan delgada, pero si estaba así era por Dani. Dani había provocado muchos problemas en mi vida, y aún así, yo seguía sintiéndolo todo por él.
Aquel mes decidí viajar a Madrid a ver a mis antiguos compañeros, Romina, Flo, Guindi... les echaba de menos. Y sabía que, si iba a España, me tocaría ver a Dani. No quería. ¿O quizás sí? No sabía, todo era demasiado raro. Cuando bajé del avión me llevé una buena sorpresa, Flo estaba esperándome con Romina y su mujer. Salí corriendo a abrazarles, estaba emocionada, y ellos estaban emocionados.
- Anna, ¿qué tal estás? - me preguntó Flo
- Muy bien...
- Ese cambio de look... no te favorece.
- Ya... en cuanto vuelva volveré a mi color natural.
- Te hemos traído una sorpresa - dijo Flo
- ¿El qué?
Flo silbó y escuché, a mis espaldas, la palabra salida de la boca de la persona a la que menos me hubiese gustado encontrarme ahí. Me giré, y sonreí falsamente.
- Creí haberte dicho que no quería saber nada de ti...
- ¿Todavía sigues con eso?
- Nunca podré olvidarlo.
Entonces, observé que a su lado había un niño pequeño, de apenas año y medio, que me sorprendió bastante. Se acercó y me dio una rosa, las que me gustaban. Dani sonreía, y, sin querer, sonreí yo también.
- ¿Cómo te llamas pequeñín?
- Danié...
- ¿Y esa flor?
- Me ha dicho mi papá que es para que le perdones...
- ¿Tú papá?
- Es... es mi hijo - dijo Dani - su madre murió hace 2 meses por un cáncer de pulmón
Me quedé muy sorprendida. En ese tiempo, Dani había sido padre y yo sin saber nada de él, y, aún así, me regalaba una rosa para pedirle perdón. Agaché la cabeza para mirar al pequeño. Tenía los mismos ojos de Dani, e iba vestido como él. En ese momento, sólo me salió del alma abrazar a Dani. Cuando nos separamos, él sorprendido y yo, sintiéndome bien, hablamos de nuevo.
- Dani, lo siento...
- ...
- ¿Lo cuidas tú solo?
- Sí, estamos muy unidos los dos.
- Pobrecito, con lo pequeño que es...
- Ya...
- Es muy parecido a ti - sonreí
- Sí pero... me recuerda mucho a su madre.
Y entonces, lo supe. Lo reconocí. Seguía enamorada de Dani. Y, ese niño, merecía una madre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario